Cuadro de gran
tamaño y formato longitudinal en el cual se representa el tema
de la llegada de los tres Reyes Magos con las urnas de oro, incienso
y mirra.
En el lado izquierdo se localizan las figuras de la Madre y el Niño
sentadas en una escalinata en la que se apoya en la parte trasera
San José. La virgen está ataviada con un vestido de
color rojo intenso y delantal azul. Exhibe un peinado de frente aplastada,
bucles sobre las orejas y melena rizada que le cae sobre los hombros.
Aloja en sus rodillas al Niño que juguetea con el contenido
de la urna que le ofrece uno de los Reyes postrado a sus pies. Tanto
el rostro de la madre como del Hijo muestran una faz redonda, blanquecina
y de mejillas sonrosadas que contrastan con el carácter curtido
y popular del resto de los personajes que pueblan la composición.
Los tres Reyes visten ricos ropajes que constituyen un pretexto para
un estudio de calidades táctiles y de plegados. En un primer
término, un sirviente, dispuesto de espaldas al espectador,
agarra una de las urnas, mientras que otro le sujeta el largo y amplio
manto rojo. En el ángulo superior derecho de la composición
se ofrece una mínima referencia paisajística sobre un
grupo de personas vestido a la moda cortesana. El resto del fondo
es un muro arquitectónico muy oscuro en el que se abre en la
mitad una ventana. Desde ella, dos personajes vestidos igualmente
como cortesanos contemplan la escena. El colorido es muy rico, destacando
especialmente los rojos intensos, los oros brillantes y los blancos
satinados, que refuerzan el barroquismo de esta composición
abigarrada. Se trata, sin duda, del cuadro de un maestro con gran
peripecia en el dibujo, muy académico en el tratamiento de
los plegados y muy agudo en el de los rostros.