Se trata de un
retrato del rey Felipe II, copia al óleo sobre tela del original
de Tiziano que se encuentra en el Museo del Prado.
Según Camón Aznar, bien pudiera tratarse de una de las
copias de retratos imperiales que se encuentran en las colecciones
reales realizadas por Rubens durante la estancia de 1636 a 1640 en
España. Concretamente en Madrid se dedicó, a la espera
de encargos definitivos, a copiar y reinterpretar con la soltura que
le caracteriza las piezas de los grandes maestros.
Así, esta pieza de magnífica ejecución correspondería
a ese periodo en el que el genial holandés reincide en las
iconografías manidas de Tiziano.
Destaca la figura magistralmente tratada de Felipe II, con casaca,
casco apoyado, con una indumentaria que habla de las conquistas militares,
de los logros imperiales, de la grandeza del imperio. Tales características
de esta afamada obra debieron impresionar a Rubens que copió
buena parte de los retratos albergados en las colecciones reales.
La policromía matizada de ocres pardos y rojizos, la singularidad
y elegancia de la posición del retratado hablan no sólo
de una excelente obra original, sinon igualmente de un excepcional
copista, como sin duda lo fue el propio Rubens.
Así, Rubens copió literalmente a Tiziano proporcionando
no obstante una factura deshecha, suelta y pictórica que aún
no contenía el viejo hacer tizianesco.